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MEDINACELI Y SU TORO, EL DE JUBILO

MEDINACELI Y SU TORO, EL DE JUBILO

Medinaceli, un pueblo de la provincia de Soria con algo mas de 700 habitantes es el centro de atención de toda España el segundo sábado de noviembre. No es porque acuda el rey, que en siglos  pasados así lo era, es porque celebran un rito ancestral que data del siglo XVI en el que un toro es embolado a fuego en plena Plaza Mayor. El toro, símbolo de fuerza y vigor, unido a su bravura siembre ha sido una referencia de libertad para los pueblos antiguos.

El ritual del Toro Jubilo no está claro del todo, hay quien dice que era una celebración sagrada de los pueblos ibéricos que tenía lugar durante los equinocios de primavera y en los solsticios. Tras el rito, al animal se le daba muerte y era repartido entre los pobladores. Pero es en Medinaceli donde se da explicación de dicho festejo a una versión popular, que ha pasado de generación en generación y que lo vincula con la llegada de las reliquias de los Cuerpos Santos. Según esta leyenda, fueron los restos de los mártires Pascasio, Probo, Eutiquiano, Paulino y Arcadio, los cuales fueron transportados por un toro que portaba en su cornamenta teas encendidas.

En el archivo de los Duques de Medinaceli, constata la primera cita de este festejo, nada menos que del 29 de Septiembre de 1559, fecha en que fue testigo desde el balcón central del Palacio Ducal  el rey Felipe II y su tercera esposa Isabel de Valois.

A finales del siglo XVIII o comienzos del XIX se fijó en el calendario su celebración en la noche del 13 de noviembre. En la actualidad se celebra el segundo sábado del mismo mes.

Durante el comienzo del rito del Toro Jubilo (término que proviene de sacrificio jubilar y jubileo o  indulgencia, no de júbilo) el animal es atado a un madero y recubierto todo su cuerpo de barro arcilloso para evitar quemaduras. En su cornamenta se coloca un asta metálica (gamella o astilla), que luce dos grandes bolas de pez, elaboradas con estopa, aguarrás y azufre, que serán encendidas antes de liberar al toro. Tras la suelta, será lidiado por los mozos más valientes hasta que el fuego se agote y la oscuridad se haga presente en la plaza. Cinco hogueras, una por cada uno de los cinco Santos Mártires patronos de Medinaceli, iluminan el interior del improvisado coso taurino de la Plaza Mayor y servirán además como refugio para los participantes.

Medinaceli sigue disfrutando de su fiesta, la que le llena de orgullo, historia, tradición y pasión, a pesar de las continuas amenazas antitaurinas e intentos de boicot por parte de personas que no saben el significado de la palabra respeto.

Larga vida a un toro, el de Jubilo y a un pueblo castellano llamado Medinaceli.